miércoles, 30 de enero de 2019

Mujeres que compran flores.

Porque amar era sencillo, continuó casi en un susurro... Cuando dos personas se encontraban con todos los ingredientes en las manos, amar así lo era. 



Y la vi. Claramente. Se asomó a su rostro una chispa de aquella luz que una intentaba prenderse dentro:

- Ah, Marina... si los hombres supieran que por reconocer sus sentimientos en público o en privado no pierden su hombría, muy al contrario, la ganan... - Observó casi con ternura a un grupito de chicos que habían tomado el relevo a los de La Dolores y cuchicheaban mirándonos como adolescentes. - Que les hace grandes, no pequeños. Fuertes y no vulnerables. Cualquiera que haya vivido con esa naturalidad un sentimiento así sabe que te hace escribir mejor que nunca, ser mas luminoso que nunca, mas feliz, mas fuerte, mas indestructible... El que ha sabido amar así sabe que no te hace esclavo, sino más libre, no te hace débil, sino poderoso. Suma, no resta. El que no sabe amar así debería llamarlo de otra manera.

sábado, 26 de enero de 2019

El amor es paciente, es bondadoso. 
El amor no es envidioso ni jactancioso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoista, no se enoja facilmente, no guarda rencor. 
El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. 
Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.


El amor jamás se extingue.
Siempre y cuando haya dos personas dispuestas a amar.

jueves, 24 de enero de 2019

Es curioso cuando la gente tiene claras ciertas cosas que no quieren vivir contigo.
Quizá sea por lo bien que te conozcan "yo no te llevo a escalar sabiendo el vértigo que tienes". O quizá sea por lo bien que se conocen a ellos mismos "yo no te llevo a escalar porque estaría mas preocupado por ti que por mi escalando". Y normalmente no pasa nada. No hay mayor drama... ¿o si?

Compartir es vivir, dice todo el mundo. 
Pero ¿hasta qué punto? ¿En qué momento dices basta? 
Y lo mas importante... ¿Por qué tendrías que decirlo? 


La vida da mucho vértigo para los que asumen que el cambio siempre va a ser a peor. Para los que son felices y no quiere mover esa situación. Pero aún da mas miedo para aquellos que entienden que el cambio es algo imprescindible, algo necesario, pero que temen no ser capaces de manejarse una vez mas. De tener fuerzas para salir airosos y reinventarse ente tanta incertidumbre. Y es que quizá, simplemente, han tenido mucho tiempo para pensar. 

domingo, 6 de enero de 2019

A vosotras.

Hoy hemos salido, como solemos hacer los días de reyes, para ir a casa de la abuela. Cuando éramos niñas era el sitio donde se completaban nuestras listas de regalos, y ahora es donde cada vez que vamos podemos ser conscientes de la suerte que tuvimos, porque el regalo, era la abuela. Esa mujer que parió eternidades, una detrás de otra.

En ella llevábamos a su madre también. De la que habla siempre con cariño. 8 años de amor y 86 huérfana y aun así, la recuerda cada vez que puede.

- Manu, mamá ha muerto. - le dijo su padre a la criatura. - Ven a verla.

Y allí la llevaron. Y así lo cuenta. Sin mayor drama, sin mayor misterio. La vida, como siempre ha sido capaz de aceptarla. Ella, tan regalo como nunca.

Mis regalos siempre fueron la abuela y nuestras tías. Creo que el crecer rodeada de mujeres fuertes me ha llevado a tener la absurda impresión de que puedo conseguir lo que me proponga, que por mucho que pase el tiempo, las ganas, la alegría y las personas, siempre conseguiremos hacernos reír.

Nos gusta, incluso a día de hoy, estar juntas. Juntas pero diferentes. Mujeres, al fin y al cabo, con toda la magia que puedes encontrar dentro de un ser humano. Vidas anteriores, vidas pasadas, vidas leídas, vidas soñadas. De todas las mujeres que habitan en mi, como decía Vanesa Martín en una de sus canciones, muchas llevan grabado a fuego la risa de mi tía, la voz de mi abuela, severa cuando rompíamos algo, dulce cuando nos despedía, los gestos de mi  madre, el fino humor de mi hermana, la curiosa forma de existir de mi tía la mediana, como doblaba los billetes de diez euros que nos regalaba por nuestro santo en el zapato, o la tozudez de mi otra tía cuando no quería hacer algo que debía.

Mujeres que nos han dejado en herencia la fuerza y las ganas de vivir. Mujeres que perdieron a sus hijos, que lloraron a sus hermanos, enterraron a su padre, y se dieron cuenta de que no hacía falta tener un hombre en casa para salir hacia delante. Mujeres a las que el tiempo les enseñó que aun cuando menos te lo esperas dos desconocidos pueden darte una paliza a la hora de ir a trabajar, temprano por la mañana, con el uniforme. Sin fiesta. Sin tacones. Sin borrachera. Y que pese a todo eso, llegaron ese día a trabajar.

Mujeres que se negaron a dar sus hijos en adopción cuando la vida las quería llevar por otros senderos. Y ellas, altivas, dijeron que no. Mujeres que no se ajustan a la verdad cuando el mundo les parece demasiado poco poético. Y les da igual porque realidades tristes hay muchas, ellas quieren la Alegría.

He aprendido mucho de esas mujeres. A día de hoy sigo aprendiendo. Interpretando gestos. Sabiendo leer miradas, que, como me enseñaron desde niña, dicen mucho mas que las bocas. En los ojos se esconde la verdad, desde siempre. Pero si das con una mujer fuerte, con una que ha batallado sin armas y ha salido de guerras a rastras pero ilesas gracias a la rebeldía de decir no a la desolación, quizá en esos ojos no puedas leer tan fácilmente. Quizá solo te dejen ver, lo que ellas quieren que veas.
Ten por seguro, que intentarán, esos ojos dicharacheros, engañarte muchas veces. En la mayoría de las ocasiones, por tu bien, en otras, para no agravar el daño.

No insistas en conocerlas. Las mujeres de las que hablo y llevo por bandera no son nada del otro mundo. No son excepcionales, mediocre diría incluso. De la media. Pero es que dentro de la media, tienen ese matiz que las distingue, esa cicatriz que marcó un antes y un después, el recuerdo cálido de ellas que ni siquiera la muerte ha podido borrar.

Estáis, en un día
tan especial, conmigo. Todas. Os siento cerca. Y aun cuando no estáis os quiero. Aun cuando llevo mas tiempo de mi vida sin vosotros que con vosotras, aquí estáis. Prendidas con imperdibles de acero, que no alfileres. Cosidas con cuero y tirando de mi hacia delante.
Tanto tiempo como duren nuestras vidas.

martes, 1 de enero de 2019

El efecto rebote de vivir.

Qué fácil nos resulta, de vez en cuando, tomar decisiones sobre las opciones de personas que no somos nosotros. El fantástico "si yo fuera tu". Que podemos manifestarlo y llevarnos un rotundo porrazo metafórico. O llevarlo como banda sonora de nuestra vida, como una cancioncilla en nuestra cabeza "si yo fuera él habría..." y rellenas al gusto. Me parece que desde luego sabemos ponernos en el lugar del otro. Nos resulta sencillo. Como seres egocéntricos que somos nos colocamos ahí.

Pregunta a cualquier crío cuando ve una película quien es él/ella. Seguramente te dirá que es el protagonista o un amigo muy cercano al protagonista. Cuando vamos creciendo nos resulta mas sencillo identificarnos con otros personajes pero nos ponemos ahí. Voilá.
O incluso vamos mas allá y nos ponemos un peldaño mas arriba.
Como si del mismisimo Dios de la película nos tratásemos, nos ponemos en papel del director. "Pues yo esto lo habría desarrollado de otra forma..." "en esta escena falta..." "pues yo habría terminado con...".

A todos se nos da bien dar consejo para la vida de los demás. Y ver sus carencias, lo que debería mejorar, lo que debería potenciar, de qué forma hacerlo. Tanto es así que si somos un poco mas quisquillosos que el resto nos haremos planificadores. De eventos, bodas, bautizos, comuniones... todo lo que sea necesario para no ceder el control de lo que está pasando a nuestro alrededor.

Considero que esa necesidad de controlar lo que tenemos fuera se debe a que, en realidad, no somos capaces de controlar lo que llevamos dentro. Y es una mierda: porque perdemos de vista las cosas importantes. Cosas tan sencillas como dar este paso "trascendental" que llevamos a cabo cada 365 días, que sin darnos cuenta hemos dado la vuelta al sol y ya estamos en enero otra vez.

Total.
Que llega otra vez el momento de revisar y hacer balance.
A pesar de que pueda parecer que es un autentico rollazo y que no sirve para absolutamente nada,
¡es genial!  Parar y hacer balance. "Ésto es bueno, ésto no, con ésto me quedo, ésto lo borro. Ésto lo volveré a hacer, ésto no..."

Pueden quedarnos listas muy divertidas, nuestras, no de los demás. No de los protagonistas de nuestra serie/película preferida o de nuestro ídolo ya no tan adolescente.

El problema está en que posiblemente, después de proponernos algunas cosas que con toda nuestra buena y resacosa intención nos hemos propuesto, no volveremos a hacer este balance hasta que hayan transcurrido otros 365 días. Eso con suerte, si no tiramos la lista en mayo porque pensamos que no hemos conseguido nada y que contemplar esa lista en diciembre solo traerá drama a nuestra vida.

¿Pero qué me diríais de volver a mirar nuestra lista en... 30 días? y ver cómo llevamos las cosas. Qué nos ha dado tiempo a hacer, qué no, qué nos ha costado trabajo. Qué cosas nos estamos pensando mejor... quizá si hiciéramos este balance cada poco tiempo seríamos mas capaces de ver resultados, de conseguirlos.

Porque bien puedes proponerte ir al gimnasio 3 veces por semana pero que si no te pones el despertador, no te levantas y no te vas al maldito gimnasio, dentro de 1 año probablemente veas que no has ido mas de 4 días. Y a la greña contigo misma.

¡Coño ya! que se supone que todas estas metas y propósitos
están para hacernos mas felices y acercarnos a la persona que queremos ser. No son un arma arrojadiza contra nuestro yo del futuro ni un instrumento de tortura medieval con el que hacernos sentir un asco con nosotros mismos y odiarnos muy mucho.
Que se supone que esta vida tiene que ser mucho mas fácil, y no tiene tanto truco por favor, lo que pasa es que complicarnos de sobremanera por alguna extraña razón le parece adecuado a nuestras pequeñas y espabiladas neuronas.

Piensa en un momento en la lista de propósitos que puede haber hecho tu hermano, tu pareja, tu padre... los conoces, sabes lo que hacen y lo que no. Normalmente convives con ellos y serías capaz de, si te dieran la dichosa lista, hacer una porra muy acertada sobre qué cosas iban a conseguir y cuales quedarían olvidadas en el fondo del armario.

Todo esto pasa porque los juzgas en función de sus acciones, no de sus intenciones. Y es que la acción mas pequeña (salir a correr hoy, o hacer dos sentadillas) vale mas que la intención mas grande (de apuntarte a un gimnasio en cuanto comiences de nuevo la rutina).
Precisamente esos son los ojos con los que deberás ver tus propósitos, y tus comienzos y tus aciertos y tus errores. Puede que no consigas dejar de fumar de hoy para mañana, pero pasar de fumar un paquete diario a un cigarro al día es un inicio. Y pasar de fumar 7 cigarros a la semana a fumar 4 también lo es, por muy pequeño que nos parezca este esfuerzo.

Estamos acostumbrados a que, con las dietas (al igual que con millones de cosas que nos proponemos), nos hablen del efecto rebote. Me río yo de los que temen este efecto rebote. ¡Al menos es algo mas que la inmovilidad! Y es que este "efecto rebote" no es mas que una comprobación de que algo estaba cambiando dentro de ti.

No temas al efecto rebote. No temas a hacerte propósitos nuevos, muchos y variados, no temas a tirar la lista al cuerno y comenzar a actuar como piensas antes de que empieces a pensar como actúas. Y contagiate. No dejes nunca de contagiarte de esta magia de haber dado una vuelta al sol junto a la gente que te rodea.

Cuando pase un año, y veas todo lo que has trabajado en ti mismo, lo que has conseguido, estoy segura de que te sentirás orgulloso de, al menos, haber tenido la valentía de atreverte a vivir, de pensar que aun se puede cambiar, que este mundo puede ser un lugar mejor. Que puedes ser una persona mejor para el mundo que te rodea.

La vida es muy corta para agobiarse por ir o no al gimnasio. Pero es muy larga si la pasamos en un cuerpo que no somos capaces de amar. La vida es muy corta para dejar de fumar de un día para otro. Pero quizás conozcas a tu alma gemela con una edad mas elevada y seguro que querrás arañar cuantas horas te sean posibles pasar a su lado, esas que ahora acortas con la droga. La vida es muy corta para preocuparse por las relaciones mas astilladas con gente que nos importa, pero es muy larga si los problemas que tenemos/tuvimos en esas relaciones nos impiden hacer nuevos lazos afectivos sanos.


La vida es muy corta para el que disfruta y muy larga para el que sufre. 
Si tienes la suerte de estar disfrutando, bailemos. 
Si sufres, hay dos manos
dispuestas a actuar. Las encontrarás al final de tus brazos. 






sábado, 15 de diciembre de 2018

Los puntos finales.

Deberíamos enseñar a las personas, desde niños, a poner puntos finales. En algún lugar leí que los puntos seguidos incrementaban la inteligencia, mientras que los puntos finales facilitaban la vida. Y por qué nos parecería algo horrible el hecho de que nos facilitaran la vida...

Todos (en una generalidad que quizá no represente tu caso) crecimos con el cuento aprendido. Tus padres cuando no querían hablar mas, o se negaban a seguir una discusión ponían esos puntos y finales. Mano dura, tajante.

- He dicho que no. 
+ ¿Por qué no? 
- Porque lo digo yo, ¡y punto!



Y tanto tú como yo sabíamos perfectamente que todo lo que dijéramos a continuación podía ser utilizado en nuestra contra. Sin embargo, a nosotros no nos enseñaron a hacer eso. Llegamos a la etapa de mayor descontrol hormonal sin saber dar por zanjado temas. Sin saber si somos mas de blanco o de negro. Pero en ese momento descubrimos los grises, y ahí pasamos la mayor parte de nuestra vida. Tambaleándonos en escalas que se diferencian en matices.

"Es un 4,9, seguro que me pasa la mano" (y al final no te la pasó porque no llegabas al cinco), "no me ha contestado, será que está ocupado o se está haciendo el interesante" cuando realmente a ese chico/a no le gustabas. "A ver, dame una calada, solo para probar" Y al final acabas encontrando boquillas del tabaco de liar hasta dentro de tus zapatos, lo cual es tan real que me hace replantearme porqué nunca fuimos mas cuidadosos con las boquillas de tabaco. 

Dejando de lado los vicios varios. Llegamos a los 13 años con la idea de que tenemos que decir que sí a unas cosas y no a otras. Pero son cosas impuestas por otras personas: no fumas, no bebas, no te acuestes con todos, no dejes de acostarte con todas, estudia, no trabajes aún...
Como consecuencia ¿Qué hace todo puberto (palabra inventada que engloba a los chavalines de 12  a 20 años)? rebelarse coño, rebelarse. Como es normal
Y mientras sí y mientras no, si tienes algo de conciencia te volverás loco intentando entender porque es tan malo algo que no sabes si te gusta  o no.

No digo que a raíz de esto debamos darle droga a los niños, ni alcohol a todos los adolescentes que pasen cerca nuestra o llevar a nuestros hijos al casino a engancharse a la ruleta. Pero es cierto, que si de pequeños le enseñáramos a poner puntos finales; todo sería mas fácil.

Te fumas un cigarro para probarlo. ¿te gusta? si - bienvenido a tu ruina. ¿No te gusta? pues no lo hagas mas. No es necesario acostumbrarse a algo ni ceder porque otros lo hayan hecho.
Nunca te gusta la cerveza al primer buche (si es tu caso, eres un extraño espécimen en peligro de extinción). ¿Por qué entonces miras con cara rara a la gente que no la bebe? Todo son y está basado en opciones personales.

Y ya no hablo de decisiones que nos incumben/afectan "solo" a nosotros. Voy a un terreno mas pantanoso. Las relaciones con los demás.



No es tan difícil poner un punto final a una relación que no nos hace bien. Es cierto, no es algo fácil, pero quizá porque cuando pequeño no se nos entrenó para mantenernos firmes en algo. No se nos entrenó para tener la confianza en nosotros mismos en este ámbito.

Si tu amigo X solo te llama cuando tiene un problema, en los periodos de su vida en los que se encuentra bien no cuenta contigo, si nunca hace planes que a ti te apetecen siendo tú el que cede siempre. Si pasa largas temporadas sin acordarse de ti lo mas mínimo. Si depende de con quien esté te habla de una forma o de otra, o te avisa para salir o no. Mándalo al carajo.

De verdad, esa persona no te merece. Ni va a corresponderte nunca.
No crees relaciones de necesidad/dependencia hacia esa persona. Es cierto que cultivar una amistad requiere de esfuerzo, compresión, concesiones. Es cierto que no podemos ponernos en el extremo opuesto y ser nosotros ese amigo X. Pero ¿Qué es lo que nos hace dar una  oportunidad 1001 a esa persona de cambiar si sabemos que ha tenido 1000 y no ha cambiado?

No va a cambiar, por ti desde luego que no, y quizá el día que cambie siga tratándote como siempre porque tú no has cambiado y sigue considerándote su lugar seguro. Su parcela donde "con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley", como diría mi abuela.

Hay que ser firmes con estas personas. Pasar dos años sin verlo no demuestra nada. Es cierto que son las circunstancias de la vida las que dan oportunidades a las personas para cambiar, una ruptura, un muerte, una despedida, una enfermedad; pero si ves que después de esas circunstancias fuertes no ha cambiado ni un ápice. No te quedes esperando. Huye.

Si es por una escalera así de bonita; mejor: 


Porque esa persona volverá intentando chupar vida. Y aquí pasa como cuando a un corazón le quitan un tumor grande al que tiene que alimentar, cuando en las pelis/series de doctores lo extirpan y el corazón necesita acostumbrarse a latir de nuevo sin esa carga. Si tu yo del pasado fue lo suficientemente inteligente para dejar esa carga atrás, a no ser que te hayas convertido en su trabajador social y cobres por las molestias; no pierdas el tiempo. Ni la vida.

Los puntos finales son los que nos permiten ir avanzando sin grandes lastres. Porque no cortas nada, simplemente lo desatas. Una persona que me hizo mucho bien en un periodo de tiempo muy pequeño me dijo una vez que la vida es muy larga como para seguir tendiéndonos todo en cuenta. Apunté la frase y volví a leerla el otro día.

Es cierto que debemos aprender de los errores, y tenerlos en consideración, pero en algún momento tenemos que dejarlos marchar.

Al principio es complicado, ese pensamiento volverá acompañado de un sentimiento de culpa, por haberlo olvidado, por no pensar en ello, porque lo hemos "enterrado" en nuestro trastero...pero es necesario dejar marchar lo que nos duele. Y a partir de ahí, dejar de buscarlo, tanto en la vida real como dentro de nuestra cabeza. No es necesario. No te machaques mas. Será como un cliente molesto cuyas bromas ignoramos y  nos limitamos a servirle un café y a cobrárselo. Cada vez volverá con menos frecuencia porque verá que no nos agota, que no nos desquicia, que no nos altera. Y se aburrirá porque no conseguirá de nosotros lo que quiere. Pero es lo que hay.




Porque aquí llevas tu punto final. 







viernes, 7 de diciembre de 2018

No estás sola.



Te creo porque los he visto y escuchado: 
la broma con el formol, 
la palmadita en el culo 
y el corrillo pa que bailes. 

Te creo porque los he visto a las tres de la mañana 
desesperados por querer meterla. 
Te creo porque he visto cómo presumían 
después de follarte, 
los oí llamarte puta, 
los oí contar que eras una guarra. 

Te creo, 
te creo porque te matan. 
Cada día violan a una de las tuyas, 
las destrozan para siempre
y les importa una mierda. 

Te creo, pequeñita, te creo, 
porque denuncias 
y ellos echan la culpa
a tu falda corta, a tu escote, 
a que ibas provocando, 
a que habías bebido,  
a que no puedes ir sola por la calle. 

Cómo no voy a creerte, 
cómo, 
is he visto las marcas en tu cara, 
si te he visto llorar
por creer que el problema eras tú. 

Te creo
porque yo sentí el privilegio de ser hombre. 
Llenaron mis manos d epoder
y me pusieron una meta: 
<Tienes que ser alguien en la vida, 
casarte con una mujer que tenga hijos, 
ser capaz de mantenerla>. 

Creo cada palabra que sale de tu boca
porque tu silencio
ha sido la peor mentira
que te han impuesto. 

Te creo, 
claro que entiendo tu miedo, 
comparto tu grito
te sigo en tu lucha. 

Tienes una razón
y millones de corazones 
que bailan al son de la libertad. 
No estás sola, no, 
y si no me crees
mira las calles: 
lo que empezó siendo utopía
ahora
se ha convertido
en una revolución
llena de mujeres valientes. 



Ahora que ya bailas. 
Miguel Gane. 

martes, 27 de noviembre de 2018

La cama vacía 
y en la mente la necesidad de soñarlo todo.
De vivir desde fuera. 
De sentir sin que duela. 

No quieres ganar el mundo...
¿dónde lo guardarías?  
Al final todos estamos hechos de un poco de lo mismo 
Nieve derretida y polvo de estrellas. 

Y es mas bonito pensar en esos términos 
que en los de agua y barro. 
Porque la vida es lo que hacemos de ella. 
Lo que pensamos. 
En lo que ocupamos nuestra cabeza 
mientras estamos despiertos. 
(si es que no te has quedado sin tiempo).

Que sí, que sí. 
Que para dormir tendremos la eternidad. 
Pero que no me lo digan cuando mi frente reposa en el hueco
 que hace tu espalda cuando, dormido,  te tumbas de lado. 

Cuando puedo pasar la mano por tu cintura y
 sentir que estás vivo
que das el mismo calor 
con el que haces latir mi pecho. 

Cuando me muevo y espero expectante a que amanezcas. 
A que vuelva la vida en ti. 
Sin querer moverme para no romper el hechizo 
que supone que vuelvas a ser persona. 
Ver como nacen, de nuevo,  tus ganas de mi. 

Ya te he hablado de esto. 
Pero cómo resistirme a saborear en mi cabeza 
momentos tan placenteros, 
como lo son las camas contigo, 
sin sexo, cuando lo que abunda es el amor subsconsciente, 
el que nos lleva a despertarnos en mitad de la noche 
si sentimos al otro que se va. 
Almas que extrañan a sus complementarias...

Para dormir tenemos la eternidad, 
pero ver como tiras de mi hacia la cama
cuando por casualidad me encuentras vestida
me abrazas y te resistes a verme marchar

Que contrariedad, amor mío,
cuando todo esto existe,
tener que despertar sin ti. 



jueves, 22 de noviembre de 2018

Me sigo quedando conmigo.

Es sorprendente como hay personas que, por un simple mensaje, son capaces de saber que no estás bien, que necesitas ayuda y que te da vergüenza pedirla. Personas que notan, ya no por una pantalla, sino en el corazón que algo falla, y son capaces de quitarse el pijama calentito y salir a la calle por ti. Porque saben que, en ese momento, lo necesitas.

¿Qué estás haciendo? 

Y ya son conscientes de que en esas tres palabras se albergan un montón de sentimientos que se debaten por salir en torrente o no. 

Hay un personaje de mi serie preferida que es adicta. Y en uno de los capitulo habla de porque en la mayoría de las ocasiones es un manojo de nervios a punto de estallar, porqué habla y habla sin cesar, aun a costa de parecer ridícula, explica que le cuesta trabajo incluso coquetear en un bar, y es porque la droga lo hacía todo por ella.  La sensación de poder que le daba. De falsa sensación de seguridad dominaba su vida. 

Me sorprendió caer en la cuenta de todo lo que ocultan nuestros vicios. En algunos casos se trata de una personalidad exuberante, como la de un niño. Sin filtros. Con una copa te mantienes serena. Un cigarro te da tranquilidad, una pastilla te mantiene de humor para trabajar 10 horas seguidas en cualquier bar... 

Volviendo a lo que nos concierne... allí estábamos las dos, ella en pijama de unicornios y yo comiendo chucherías de azúcar de las que nunca como porque no me gustan. 

- ¿Crees que somos cíclicos? 
+ ¿Por qué? 
- El año pasado por estas fechas mi humor estaba muy similar al de ahora. 
+¿Cómo lo sabes? ¿Te acuerdas? 
- No, lo miré en mi diario. 
+ Entonces ya sabes dónde seguir mirando para ver cómo lo solucionaste. 

Dice Albert Espinosa (sí, me ha dado una época en la que estoy bebiendo de sus letras como si fuera agua en el desierto) que tenemos que hacer caso a nuestro yo mas antiguo. Él tomaba las decisiones con toda la información que disponía, se arriesgaba pese a no conocer las respuestas. Hay que dialogar con él, amar las decisiones que tomó, porque es quien nos ha llevado a ser lo que hoy somos. Hay que perdonarlo y decirle... me sigo quedando contigo. 



jueves, 15 de noviembre de 2018

Antigua oración irlandesa.

Tenemos tiempo para todo, menos para lo que nos hace felices, corremos atareados como el conejo en Alicia en el País de las Maravillas pero cuando alguien nos lo hace ver nos enfadamos, lo vemos como un vago, un holgazán.

Tiempo para todo menos para nosotros. Y así nos va, nos arrastramos por la vida como un gusano sobre el suelo, porque queremos llegar cuanto antes (a lo que podríamos preguntar ¿a dónde si no te has dignado a levantar la nariz de tus pies y mirar el horizonte? pero este es otro tema). Queremos, ansiamos, llegar cuanto antes... sin darnos cuenta que quizá, parándonos un momento, subiéndonos a un alto y haciendo un capullo (algo tan simple como el silencio) durante un tiempo, nuestro propio cuerpo nos regale unas alas que nos permitan hacer del camino algo,ya no más rápido, sino que merezca la pena. Porque al final todos daremos con nuestros huesos bajo tierra. Y cuando eso está cerca, lo único que hacemos es pedir mas. Mas tiempo. ¿Para qué? ¿Para seguir corriendo de un lado para otro mirando tu ombligo?

Hoy deberíamos parar y darnos tiempo...




Date tiempo para trabajar,
es el precio del triunfo.
Date tiempo para pensar,
es la fuente del crear.
Date tiempo para jugar,
es el secreto de la eterna juventud.
Date tiempo para leer,
es el fundamento de la sabiduría.
Date tiempo para ser amigo,
es el camino de la felicidad.
Date tiempo para soñar,
es atar tu careta a una estrella.
Date tiempo para amar y ser amado,
es el centro del Evangelio.
Date tiempo para mirar alrededor,
el día es muy corto para ser egoísta.
Date tiempo para reír,
es la música del alma.
Date tiempo para orar,
es la formula para encontrar a Dios.


martes, 13 de noviembre de 2018

Versos robados.

No pierdas esa serenidad regada de lagrimas secretas
ese placer por tu placer 
esa sonrisa tendida a los demás 
como una mano. 



No permitas que la vida te haga otra, 
menos atenta a los atardeceres, 
contable de favores, 
coleccionista de migas, 
madrugadora para nada. 

Que pase el tiempo pero no tus ganas. 


Que nada te frene las caderas, 
que sigas queriendo como quieres querer, 
con esa plenitud de luna en celo
con la furia feliz de las mareas. 


Que los años te acaricien como yo, 
torpes  y enamorados, 
que nada ni nadie te convenza 
de que vivir de verdad es vivir  equivocada. 


No vendas ese coraje sin puñales, 
ese paso de baile con tu sangre, 
esa magia de mujer hecha estrellas
ese cariño cotidiano por los tuyos
que va pariendo eternidades. 

No dejes de mover el mundo
como mueves las manos cuando hablas...


A cachos; Carlos Salem. 

Cuidarte también es proclamar que no puedes.

 No puedo sola.  Esto es demasiado complicado.  Necesito ayuda.  Qué buen día para estar orgullosa de todo el progreso que he hecho.  ¿Qué e...