miércoles, 4 de noviembre de 2015

martes, 3 de noviembre de 2015

- Sí, y entonces ahí estábamos las cuatro, borrachas y en la bañera cuando llega el compañero de piso y  vomita... - todas rieron. - ¡Fue patético! ¿Cuantas veces en tu vida vas a tener esa oportunidad? 
- Tenerla no lo sé, desaprovecharla... - volvieron a reír. 

Celia disfrutaba de la compañía de las camareras del bar en el que desayunaba por segunda vez casi todos los días. Todas las conversaciones empezaban por una botella, o varias y acababan en un tío, o varios, o cambiaba el orden y el tío iba primero. 
La verdad es que tenían muchas historias. 
Era un bar bonito, con cristaleras por donde entraba el sol. Le gustaba Sevilla. 
Nunca hubiera pensado que iba a poder llegar a disfrutar como lo hacía del sol de esa ciudad. En Logroño no estaba mal, pero necesitaba cerrar heridas, y, ¿que mejor que empezar por mudarte al sitio donde te las hicieron?

No estaba acostumbrada a reír tanto, bueno sí, pero solía hacerlo borracha, no a las once de la mañana desayunando. Se miró los dedos indice y corazón, estaban empezando a amarillear del humo del cigarrillo. Tampoco importaba mucho, tenía unas uñas bonitas que disimulaban cualquier color que se saliese de la norma. Le entró el mono. Pagó el desayuno y salió, antes de que llegara a encenderse el cigarrillo el móvil estaba vibrando en su bolso. 

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Olga no pretendía molestarla tan pronto, pero después de lo sucedido por la mañana no tenía muy claro si iba o no a salirle la voz la hablar con Amalia. Con el sueño y las prisas había cogido un autobús mal al salir de las clases y necesitaba que alguien le dijera la calle donde vivía.... "Y donde también vive él" se recordó a si misma. Esta mañana había tardado unos minutos más en bajar las escaleras, lo había hecho con detenimiento, por si, por casualidad, se lo encontraba. 

Tenía suerte, pensó, "vive en el mismo bloque, quizás al fin y al cabo, acabemos coincidiendo otra vez". Y con esa ultima frase tiró de la puerta del portal para salir a la calle. El bofetón de frío le devolvió a la realidad. Ahora tocaba lo que tocaba. 

Pero aun así las clases tampoco habían servido de mucho. 
No había forma de quitárselo de  la cabeza, tan grande había sido la distracción que ahora se encontraba en un tal palacio de congresos, llamando a Celia, para que alguien le dijera cómo salir de ahí.  

domingo, 1 de noviembre de 2015

sábado, 31 de octubre de 2015

Bú!

¿De verdad queréis sentir miedo? 
No os hace falta una fecha al año. 
Miedo dan muchas cosas en este mundo. 
Miedo a perder a las personas que queremos, miedo a fracasar, miedo a equivocarnos...

Miedo debería darnos un país sin un gobierno estable, una sociedad donde gobiernan ladrones. 
Miedo debería darnos que la gente quede con otra gente para pegarse por fútbol.
Miedo debe darnos que en el siglo XXI se mate a gente por sus convicciones religiosas, sexuales o ideológicas. 
Miedo porque las mujeres son violadas y asesinadas. 
Miedo porque su pareja le pega. 
Miedo porque abusan de ellos, y de ellas. Porque los tocan sin que quieran y nadie hace nada. 
Miedo tenemos que pasar por todas los críos desaparecidos que jamás se han encontrado. 
Miedo tiene que darnos que haya gente que muera por no poder pagar la cura de su enfermedad. 
Que el gobierno legalice drogas que pueden matarnos como el tabaco o el alcohol. 
Miedo tienen que darnos los extremistas que se mueven por ideas fijas defendiéndolas incluso a costa de la vida de otras personas. 
Miedo a la comodidad e inconformismo. 

Tenemos muchas razones para tener miedo. 
¿Cuántas mas necesitamos? 

jueves, 29 de octubre de 2015

¡Soy capaz de leerte la mente arreglar los problemas de toda la gente!

¿Pa qué? 
si después de todo no sabes definirlo, ni sabes definirte. 
No entiendo esas ganas que tiene el mundo de ser normal, encajar... 
¿Encajar con quien? 
Si es que no hay dos personas iguales en este puto mundo. 
No entiendo las ganas tampoco, de irse por el extremo opuesto, porque todos buscamos la orginalidad y acabamos siendo copias de gente que creemos (vuelta a la maldita palabra) encajan con nosotros. 
¡Que no quiero que nadie encaje conmigo!
Que gracias a eso nos pulimos, nos limamos de asperezas. Las personas contrarias a nosotros son las que nos enseñan, las que nos mejoran, gracias a ese limarnos que tan poco nos gusta. 
Que parece que por estar de desacuerdo con alguien no vas a poder ser amigo de esa persona, menos, no vas a poder estar en la misma habitación. 
Pues siento deciros que no. 
Que lo mas bonito del mundo es encontraros con una persona que no piensa lo mismo que vosotros, que es totalmente opuesta. Y quererla. Amar a esa persona hasta los topes. Eso es lo hermoso. 
Pero es mejor aun cuando esa persona es pura. 
Cuando esa persona es natural y ella misma. 
Entonces es cuando creces de verdad.

miércoles, 28 de octubre de 2015

Por hoy.

Perdámonos en alta mar, que nadie sepa. Que nadie opine. 
Sepamos que estar vivo no es más que sentir el aire que entra en tus pulmones, la luz que acaricia tu piel y la lluvia que moja tu alma. 
Vistete y vívete. 
Vamos. 
Corre, vuela. 
Salta y siente dolor.
Experimenta, juega, destrozate. 
Y vuelve a construirte. 

lunes, 26 de octubre de 2015

¿Cuánto tiempo hacía que no la escuchabas de verdad?

Que no te parabas a mirar como se le hinchaban las mejillas cuando reia, o como se frotaba los ojos aprovechando no llevar maquillaje. Cuándo fue la última vez que hablaste con ella de verdad. ¿Acaso no te has dado cuenta de que ahora te habla sin miedo?

Hace tiempo, y lo sabes, que no te parabas a escuchar de verdad lo que su corazón decía. Que no te atrevías
a estar sin tocarla. Porque cuando te quitan la droga es cuando la echas en falta.

 Cuándo tuviste la ultima lucha interior sobre si atreverte a darle un beso o no.

Porque no vale estar siempre con las bromas y perder la perspectiva. No sirve que la quieras si se lo dices por rutina. No sirve que pretendas hacer sorpresas misteriosas vacías porque ya nada os llena.

Cuánto estabas dispuesto a gastarte en cerveza para alargar los minutos con ella.

Y te has dado cuenta pero quizás sea tarde, el mal está hecho, sin embargo hay una luz nueva que abre el cielo, la esperanza. Porque ahora te estás arañando por dentro por haber estado atando a tu alma libre.

Cuánto te arrepientes de haberla conocido.

Y es que puedes engañar a un águila que nace con pollos pero un águila que nace y se cría entre águilas, amigo mío. Esa fiera es indomable. Por mucha comida o comodidad que ofrezcas. No hay persona en el mundo que le haga quedarse en casa cuando sus pies quieren bailar.

sábado, 24 de octubre de 2015

Todos los derechos que crees tener sobre mi al ser mi pareja y realmente no tienes.

Ultimamente me trae de cabeza todos los derechos que crees, bueno, más bien creías, tener sobre mí al ser mi pareja y cada vez estoy mas convencida de que no, no los tienes.

En una sociedad hecha por y para los hombres, en la que la mujer sigue actualmente condicionada a lo que una polla piense de ella, creo que es hora de empezar a quejarse por esto. Y no hablo de escribir una entrada en el blog como estoy haciendo, que... ¿Porque no? Hablo de plantarse frente a esa persona y comenzar a, asertivamente, poner puntos sobre las íes.

Hay muchos derechos que creias tener sobre mi y realmente no lo tienes. Aunque yo, en mis inicios de mujer carente de conciencia de sí misma como persona entera y no necesaria de completar, creía que sí. Uno de ellos era el de darme tu opinión sobre mi ropa.

Puedes opinar sobre mí, si, yo al principio tambien lo hacía, opinaba sobre ti. Coincidimos en que había prendas de ropa que nunca nos pondríamos y que había prendas que no nos gustaban para el sexo opuesto. Hasta ahí no tenía ningún problema. Todo empezó cuando me importaba lo que dijeras sobre mi ropa. Cuando me gustaba una blusa y no me la ponía porque sabía que a ti no te gustaba, la odiabas o "no querías que me la pusiera para salir conmigo". Y tú, compañero mío, no cambiaste tu modo de vestir por muy horrendo que me pareciese. Y hoy día, me sigue pareciendo así.

Otro derecho que creías tener sobre mí y no tienes es el de decidir a qué hora, qué día salgo. Soy autosuficiente para hacer mis planes. No vivo contigo. No tienes que esperarme para cenar. No necesito una secretaria. Se administrar mi tiempo, mis planes, mi compañía y mi vida. Sola. Y NO me hace falta tu ayuda.

Tampoco tienes derecho a hacerme sentir mal, a dudar de mi cuando te digo, o decía (aunque las dos palabras en sí no van a cambiar nunca) que te quiero, o quería, o te sigo queriendo. Aunque esas sean tres.

No puedes, no debes, hacerme sentir mal porque un fin de semana tenga mejores cosas que hacer, o cosas mas prioritarias que echar horas y horas en silencio en una cama porque hay gente fuera. Y te mentiría si no admitiese que me encanta estar en una cama contigo.

Crees que tienes derecho a ponerte del lado de mis padres como si fueras uno más de la familia y no. No lo tienes, por mucho tiempo que llevemos, por muchos años de casados o hijos o nietos. Me da igual. No perteneces a mi núcleo familiar mas cerrado, no eres ni un segundo padre, ni un hermano, ni siquiera un primo. Y aun así mis primos no deben meterse en esto. No estamos hablando de aquellos fáciles años para vosotros en los que la chica pasaba de la tutela del padre a la del marido, o hermano o cuñado, o hijo. NO. Puedes escucharme, puedes darme tu opinión, puedes hacerme ver que quizás me estoy equivocando, pero nunca tratarme como una cría por ganar esa complicidad con tus suegros.

No tienes derecho a obligarme subliminalmente a no quedarme con mis amigas porque quieres que estemos solos bajo la amenaza implícita del enfado al día siguiente. Y por supuesto NO tienes derecho a juzgarlas por los errores que hayan cometido en el pasado, porque ese derecho no me lo permito ni yo y tú no eres mas que ellas para darte golpes de pecho en cuanto a moralidad, chulo.

Y estos son, aunque me falten algunos de los que prefiero no acordarme, todos los derechos que creía que tenías sobre mí y te he dejado tenerlos aunque realmente, no los tienes.

jueves, 22 de octubre de 2015

Había demasiada calma en esa habitación. Como si jamás se hubiera escuchado un grito. Como si jamás hubiera pasado una tormenta. Había una calma insospechada para todo lo que estaba acostumbrado a pasar allí. Había poco miedo para el temor que siempre los había amenazado. 


Cuidarte también es proclamar que no puedes.

 No puedo sola.  Esto es demasiado complicado.  Necesito ayuda.  Qué buen día para estar orgullosa de todo el progreso que he hecho.  ¿Qué e...